Manuel Aparicio
¡QE NO PUEDE UNA MADRE!
Padeciendo de un mal grave y sin cura
un joven en sú cama se moría,
y con gran impaciencia repetía
palabras qe repudia la cordura.
Renegando de Dios y de su altura
a la Gracia Divina maldecía,
y otro ser de dolor se consumía
al verlo en tan enorme desventura,
¡Haced qe viva mi hijo y goce en calma!
De rodillas la madre sin reposo
elevó su pedido angelical.
Y fue tanta la entrega de su alma
qe la cura llegó del Poderoso
envuelta en un gemido celestial.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
PERENNE HISTORIA
En adornado balcón
Con dulce y tierna Mirada
una joven agraciada
daba rienda a su illusion:
-¡A un galán mi corazón
le dare...y en bello nido
lo tender a mis rendido!-
Su madre ha poco le exclama:
-¡Venid y arregla tu cama
y piensa luego en Cupido!
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.
QERIENDO CONQISTAR...
Queriendo conqistar, una sumisa
Mirada le lance para embobarla,
y recibí respuesta al rechazarla
envuelta en enigmática sonrisa.
El amor lo qeremos con gran prisa
y su fuerza volcánica alargarla,
y en lugar de tal furia encasillarla
sólo se logra convertirla en brisa.
“No se toma a Zamora en una hora”,
ni se cruza la mar en un minuto.
La Dicha o Bienestar siempre demora.
Y si con rapidez nos toca un fruto
por él se paga el doble al qe lo implora,
con el recargo de un amargo luto.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
LOS MEJORES CRITICOS
De un canto escuché el portento
de aves allá en el palmar,
y las qise acompañar
llevando mi voz al viento.
Con pena note al momento
la mustiandad de las flores,
al tiempo qe los cantors
en bandadas se alejaron
y pensando me dejaron
de mis pésimos valores.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.
UN AMOR SUSTITUTO
Con una flecha en un costado abierto
sangráronse mis venas amorosas,
por estas vias del vivir tortuosas
como condena de un pasado incierto.
Cual beduino sin agua en un desierto
vi un oasis en ella y las frondosas
palmeras ofreciéronse suntuosas
a reavivar de amor la sed de un muerto.
En ese oasis reanudé los planes
de hallar en el amor buen acomodo,
igual qe con el hombre hacen los canes.
Y fue como el licor para un beodo
hasta q’en el mayor de los desmanes,
a mi madre ofendió de muy mal modo.
Manuel I. Aparicio Paneqe

