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Periódico Libertad

Today is: 12 March, 2010

Manuel Aparicio

¡QE NO PUEDE UNA MADRE!

Manuel Aparicio

Padeciendo de un mal grave y sin cura
un joven en sú cama se moría,
y con gran impaciencia repetía
palabras qe repudia la cordura.

Renegando de Dios y de su altura
a la Gracia Divina maldecía,
y otro ser de dolor se consumía
al verlo en tan enorme desventura,

¡Haced qe viva mi hijo y goce en calma!
De rodillas la madre sin reposo
elevó su pedido angelical.

Y fue tanta la entrega de su alma
qe la cura llegó del Poderoso
envuelta en un gemido celestial.

Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u

PERENNE HISTORIA

Manuel Aparicio

En adornado balcón
Con dulce y tierna Mirada
una joven agraciada
daba rienda a su illusion:
-¡A un galán mi corazón
le dare...y en bello nido
lo tender a mis rendido!-
Su madre ha poco le exclama:
-¡Venid y arregla tu cama
y piensa luego en Cupido!

Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.

QERIENDO CONQISTAR...

Manuel Aparicio

Queriendo conqistar, una sumisa
Mirada le lance para embobarla,
y recibí respuesta al rechazarla
envuelta en enigmática sonrisa.

El amor lo qeremos con gran prisa
y su fuerza volcánica alargarla,
y en lugar de tal furia encasillarla
sólo se logra convertirla en brisa.

“No se toma a Zamora en una hora”,
ni se cruza la mar en un minuto.
La Dicha o Bienestar siempre demora.

Y si con rapidez nos toca un fruto
por él se paga el doble al qe lo implora,
con el recargo de un amargo luto.

Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es

LOS MEJORES CRITICOS

Manuel Aparicio

De un canto escuché el portento
de aves allá en el palmar,
y las qise acompañar
llevando mi voz al viento.
Con pena note al momento
la mustiandad de las flores,
al tiempo qe los cantors
en bandadas se alejaron
y pensando me dejaron
de mis pésimos valores.

Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.

UN AMOR SUSTITUTO

Manuel Aparicio

Con una flecha en un costado abierto
sangráronse mis venas amorosas,
por estas vias del vivir tortuosas
como condena de un pasado incierto.

Cual beduino sin agua en un desierto
vi un oasis en ella y las frondosas
palmeras ofreciéronse suntuosas
a reavivar de amor la sed de un muerto.

En ese oasis reanudé los planes
de hallar en el amor buen acomodo,
igual qe con el hombre hacen los canes.

Y fue como el licor para un beodo
hasta q’en el mayor de los desmanes,
a mi madre ofendió de muy mal modo.

Manuel I. Aparicio Paneqe

LA NIÑA*

Manuel Aparicio
La Niña ¡Qué triste ha sido!
Como al final de su vida
ha dejado abierta herida
en cuántos la hemos qerido.
Se fue sin dar un qejido
arropada en su entereza.
Servirnos fue su riqeza
pues su nobleza era mucha
y hoy de nosotros no escucha
las ¡gracias! por su grandeza.

Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.

(*) La Niña -Nuestra hermana,
Renée E. Aparicio-Paneque,
fallecida hace poco tras una larga
condición física.
Le sobreviven, el Dr. José M. González
(viudo), dos hijos –Carmen y Manolo,
dos nietos y cuatro hermanos.

VIEJO BARRIO

Manuel Aparicio
Volví una noche qe sonrió agradable
al viejo caminante qe soñaba,
con ver como el pasado regresaba
para hacerlo tangible y perdurable. 
En cada rostro la sonrisa amable
de todos los vecinos me llegaba,
y entre sueños más tarde despertaba
frente a mi antiguo lar, aun habitable.
La infancia tan feliz se hizo presente.
Mi ser toda su vida recorría
llenando de frescor mi vieja frente.
Pero un dolor inmenso me oprimía,
el dolor qe suprime a la alegría…
Saber de aqello a nuestra madre ausente.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.

¿CLAMAR POR DIOS…?

Manuel Aparicio
-¿Hacia dónde tornar nuestra Mirada
cuando en la incertidumbre nos hallamos?
Clamar por Dios y no saber si estamos
dentro Dél*, fuera Dél o si no es nada.

Yo qiero confesar qe en la jornada
por la qe todos en la vida andamos
y en la qe aún su imagen no captamos,
no es por mi labio ante el dolor nombrada.

La voz qe mi alma en tal momento expande,
la qe alivia el dolor y lo disipa,
es otra, cual de Dios, sublime y grande.

Esa qe a nuestra vida se anticipa,
la qe luego a ser dignos nos eqipa,
y qe se expresa en un vocablo… ¡Madre!

Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.

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