Manuel Aparicio
MUJER, TE QISE TANTO...
¡Oh tristezas pasadas qe me azotas,
forzándome a emprender ignoto viaje,
sin rumbo, sin gobierno ni equipaje,
en una nave con las velas rotas!
¿Por qé las esperanzas tan remotas
me pones al situarme en el ultraje
de ver a mi enteleqia hecha un bagaje
de sepultas memorias y derrotas?
Mujer, te qise tanto, qe no siento
ni el dolor contenido en esta qeja,
pues cesa de vivir el inclemente.
Dulzura fuiste con disfraz de oveja
y no vi qe una leona indiferente,
después de asesinar...come y se aleja.
Manuel I. Aparicio Paneqe
POR EL CAMINO QUE CRUZA*..
Por el camino qe cruza
por la casa de mi tia
vi pasar una muchacha
qe por la vida subía.
Con su cintura de hilo
y sus ojos verdemar,
iba tejiendo esperanzas
a cuantos la veían pasar.
Era tanta su hermosura
y tan completa de todo
qe no sé cómo el recuerdo
no me ha rastornado el modo.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.
(*) En Catalina de Guines.– Provincia de
La Habana.-
LOS RECUERDOS
No hay flor qe con el tiempo no marchite.
Toda vida al pasar sufre la merma
de un encendido cirio cuya esperma
por su mismo calor y luz derrite.
Mas el tiempo en amar traspasa
el último confín de las pasiones.
Camposanto no habrá en los corazones
porqe el amor no muere ni fracasa.
Y no importan pasadas vil traiciones
en el cuarto cerrado de las horas,
habrá grietas luciendo halagadoras
alumbrando futuras ilusiones.
Hay amores qe son minucia muerta,
pero no el qe resume nuestra vida.
El amor verdadero se liqida
cuando en la eternidad la luz se invierta.
LOS QUE DEBEN SER ABORRECIDOS
No le temo al rufián qe vocifera,
ni me asusta el tronar q’el rayo imprime.
El sollozo de un niño me comprime,
porqe verlos contentos yo qisiera.
Cuando me hallo de frente a una ladera
esta no me intimida en lo más breve,
ni pensar si por ella uno se atreve
la posible lesión qe no espera.
Inclino el rostro al señalar respeto
y ayuda doy sin serme reqerido,
porqe en mi profesión eso es decreto.
Mas, qien sirve a un tirano mal nacido,
qien se vende a un despótico sujeto
no merece el perdón ni arrepentido.
Manuel I. Aparicio Paneqe
¡QE NO PUEDE UNA MADRE!
Padeciendo de un mal grave y sin cura
un joven en sú cama se moría,
y con gran impaciencia repetía
palabras qe repudia la cordura.
Renegando de Dios y de su altura
a la Gracia Divina maldecía,
y otro ser de dolor se consumía
al verlo en tan enorme desventura,
¡Haced qe viva mi hijo y goce en calma!
De rodillas la madre sin reposo
elevó su pedido angelical.
Y fue tanta la entrega de su alma
qe la cura llegó del Poderoso
envuelta en un gemido celestial.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
PERENNE HISTORIA
En adornado balcón
Con dulce y tierna Mirada
una joven agraciada
daba rienda a su illusion:
-¡A un galán mi corazón
le dare...y en bello nido
lo tender a mis rendido!-
Su madre ha poco le exclama:
-¡Venid y arregla tu cama
y piensa luego en Cupido!
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.
QERIENDO CONQISTAR...
Queriendo conqistar, una sumisa
Mirada le lance para embobarla,
y recibí respuesta al rechazarla
envuelta en enigmática sonrisa.
El amor lo qeremos con gran prisa
y su fuerza volcánica alargarla,
y en lugar de tal furia encasillarla
sólo se logra convertirla en brisa.
“No se toma a Zamora en una hora”,
ni se cruza la mar en un minuto.
La Dicha o Bienestar siempre demora.
Y si con rapidez nos toca un fruto
por él se paga el doble al qe lo implora,
con el recargo de un amargo luto.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
LOS MEJORES CRITICOS
De un canto escuché el portento
de aves allá en el palmar,
y las qise acompañar
llevando mi voz al viento.
Con pena note al momento
la mustiandad de las flores,
al tiempo qe los cantors
en bandadas se alejaron
y pensando me dejaron
de mis pésimos valores.
Manuel I. Aparicio Paneqe
El Autor considera que no es
necesario el uso de la u
entre la q y la e.
UN AMOR SUSTITUTO
Con una flecha en un costado abierto
sangráronse mis venas amorosas,
por estas vias del vivir tortuosas
como condena de un pasado incierto.
Cual beduino sin agua en un desierto
vi un oasis en ella y las frondosas
palmeras ofreciéronse suntuosas
a reavivar de amor la sed de un muerto.
En ese oasis reanudé los planes
de hallar en el amor buen acomodo,
igual qe con el hombre hacen los canes.
Y fue como el licor para un beodo
hasta q’en el mayor de los desmanes,
a mi madre ofendió de muy mal modo.
Manuel I. Aparicio Paneqe

